He aquí al soñador
Fecha de la conferencia: 1 de Noviembre de 1966
El título de esta noche es “He aquí al soñador”. Se me dice que se ha revivido un gran interés en los círculos científicos sobre el Soñador en el hombre y sus sueños, pero no recurren a la Biblia para buscar luz alguna. Están experimentando, tratando de descubrir quién o qué es el Soñador dentro de nosotros, y de quién está hablando este Soñador. Nosotros recurriríamos al libro de libros, la Biblia. La Biblia enseña, de principio a fin, todo acerca de este Soñador: que Dios habla al hombre en un sueño y se da a conocer en una visión (Números 12:6).
Esta noche tengo cuatro historias que me trajo esta artista, o más bien me envió esta semana pasada. Ahora bien, si les pido que compartan conmigo sus sueños, sus visiones, lo hago con un propósito: quiero ver qué tan cerca estamos llegando a las Escrituras. Porque todo está contenido en nosotros y cuando empezamos a despertar, el libro entero comienza a desplegarse en nosotros y viene en forma de sueño, viene en visión. Pablo no tenía ninguna duda acerca de este Soñador. No dijo qué es el Soñador dentro de nosotros, dijo: “Sé a quién he creído”. No en qué creo, sino a quién. Les hago una promesa, ustedes también lo encontrarán. Encontrarán al Soñador. Cuando lo encuentren, encontrarán a Dios. Cuando encuentren a Dios, se encontrarán a ustedes mismos. Llegará el día —ojalá sea esta noche— si están cerca del final, en el que solo tendrán un Dios. No pueden encontrarlo mientras haya dos dioses. Solo pueden encontrarlo cuando realmente solo sirven a un Dios.
Ahora bien, este único Dios fue revelado, se nos dice, a Moisés. Bueno, Moisés no es un hombre más de lo que lo son Abraham, Isaac y Jacob. Estas son las estados eternos del alma a través de los cuales el tú inmortal debe pasar para despertar como Dios. Así que la palabra Moisés tiene un gran significado… todas las palabras, todos los nombres de las Escrituras. La palabra Moisés es el antiguo perfectivo, esto es, “que tiende hacia” o “que tiende a perfeccionar” del verbo egipcio “nacer”. Hay algo que debe nacer del hombre que debe ser perfecto como Dios es perfecto. Ninguna imperfección, solo pureza. Ese es el prototipo de aquel de quien hablamos en las Escrituras como Jesucristo. Es algo que va a nacer. Se nos dice en las Escrituras: Y el Señor dijo a Moisés: he aquí, vas a dormir con tus padres. Esa es una forma agradable de decir morir. Cuando mueras, este pueblo se levantará y fornicará tras los dioses ajenos de la tierra a la que van a estar entre ellos, y ciertamente yo esconderé mi rostro en aquel día a causa de todo el mal que han hecho. Les diré por qué: porque se han vuelto a otros dioses (Deuteronomio 31:16-18).
Él equipara el mal del hombre con volverse a otro Dios. Él equipara a estos dos con la fornicación (prostitución), los equipara con la idolatría. La única idolatría reconocida es volverse a otro Dios. A esto lo llama jugar el papel de la ramera. Se levantarán y jugarán el papel de la ramera. No tiene nada que ver con lo que el mundo llama la harlot (prostituta) en este mundo, nada que ver con el sexo como ustedes y yo entendemos el sexo; tiene que ver con volverse a un Dios extraño. Sin embargo, el hombre no puede evitarlo, pues él previó que cuando este duerma en el hombre y no esté allí para guiarlo, entonces el hombre mirará a un mundo que parece tan vasto, tan grande, que se sentirá empequeñecido por él, y no sabrá quién lo trajo a la existencia y con qué propósito. Creará dioses extraños. Así que no se puede culpar al hombre.
Así que aquí se nos dice que el nombre divino Jehová, que es Yod He Vau He, que traducimos como YO SOY, no era conocido antes de su revelación a Moisés. Jehová existía, sí. El mismo Dios que se apareció a los patriarcas —estas estados eternos desde Abraham, Isaac, Jacob— pero le conocían por un nombre diferente. Como se nos dice en el capítulo 6 del Libro del Éxodo: “Yo soy el Señor” le dijo a Moisés, “Yo soy el Señor” (versículo 2). En otras palabras, la palabra traducida como Señor es YO SOY. Yo soy el YO SOY. Me aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como Dios Omnipotente, El Shaddai, mas por mi nombre, el Señor (YO SOY), no me di a conocer a ellos. Así que en estas estados no se les decía quién era el Dios verdadero. Le veían solo como el Dios Omnipotente. Le veían en el trueno, en el relámpago, en todas las manifestaciones de poder, pero no conocían al Dios real. No fue revelado al hombre antes de la revelación hecha a Moisés, el estado llamado Moisés. Eso es lo más difícil del mundo de mantener para el hombre… y el único Dios es YO SOY… a él le resulta tan difícil.
Aquí, permítanme darles una serie de imágenes, una serie desplegada por esta artista. Ocurrió entre el 17 de diciembre, cuando cerré, y el día de mi reapertura, el 4 de enero. “La primera es un sueño y en este sueño me encontraba en una luz tenue observando una figura. Aquí ante mí estaba una dama esbelta y hermosa bajo una luz tenue maravillosa. Al mirar más de cerca, me estoy mirando a mí misma; al mirar más de cerca, aquí está mi propio ser ante mí”. Ella dijo: “Eso es todo, ese es el primer sueño”. “El segundo, me encuentro de pie en una arboleda de árboles. Están separados, digamos que a unos diez o doce pies de distancia. Los troncos son perfectamente rectos y muy lisos. No miré hacia arriba, pero sentí el follaje, el hermoso follaje arriba. Luego me abrí camino entre, dentro y alrededor de los árboles, como una procesión de una sola persona. Y entonces oí esta voz divina y habló de manera tan clara, y habló como si lo hiciera en un canto. Decía: ‘Impollinate, impollinate, impollinate al niño tú misma’. Lo repetía: ‘Impollinate, impollinate, impollinate al niño tú misma'”. Ella dijo: “No conozco tal palabra, impollinate. Eso es todo. La visión se rompió en un discurso en forma de canto y no sé el significado de la palabra impollinate (impolinizar). Pollinate (polinizar) sí, pero no impollinate”.
Ahora bien, dijo ella: “Las otras dos no son sueños, son experiencias. Muy a menudo, al despertarme por la mañana, mi cabeza se llena de una luz dorada y, en esta luz, si evoco un nombre o una cara o algo, con el tiempo oiré buenas noticias, noticias maravillosas, excitantes y productivas sobre otra persona. Pero la mañana que escribo de esta experiencia, estaba pensando solo en la presencia de Dios. Todo en lo que pienso es en la presencia de Dios, y entonces oí el gorjeo de un pájaro. Me volví a mi derecha, en mi ventana, y entre el cristal de la ventana y la rejilla hay un pajarito. Allí está mirándome y gorjeando urgentemente. Me dije a mí misma, bueno, la rejilla debe estar rota, porque la razón lo dictaba así”. Ella dijo: “Yo sabía que no estaba rota, y sin embargo la razón decía que debía estar rota, que había un agujero en alguna parte. ¿Cómo podía meterse un pájaro entre la rejilla y la ventana? Estaba a punto de levantarme para investigar y luego dejar libre al pájaro en la habitación, cuando dio varias vueltas por el interior de la ventana y, mirándome directamente, dio la vuelta y desapareció a través de la rejilla. ¿Era su mensaje decirme que lo siguiera? ¿Que nada, absolutamente nada, nos retiene en este mundo? ¿Cuál era su mensaje para mí? Allí estaba un pajarito. Me levanté de la cama y examiné minuciosamente la rejilla. No había ningún rasguño, no había ningún agujero, la rejilla estaba en perfecto orden y encajaba perfectamente.
“Una semana más tarde, al despertarme, la misma luz maravillosa y luego el gorjeo similar del pájaro, me volví y allí está el pájaro, el pajarito entre la rejilla y la ventana. Mientras miraba, no dio vueltas a la rejilla como la primera vez; se quedó en la parte superior y gorjeó con tanta urgencia, mirándome fijamente. Luego se marchó como la primera vez, directo a través de la rejilla. Ahora bien, eso es todo… ¿está en las Escrituras?”. Sí, está en las Escrituras. Lo encontrarán en el capítulo 10, versículo 20 del Eclesiastés: “Ni aun en tu pensamiento digas mal del rey, ni en lo secreto de tu cámara digas mal del rico; porque las aves del cielo llevarán la voz, y las que tienen alas comunicarán la palabra”. Pensamos que estamos solos porque estamos en nuestra habitación y pensamos que nadie ve lo que estoy pensando. De la misma manera que llevará la maldición, mi maldición hacia el importante para mí, el rico, el rey, también llevará la bendición. Todo esto es imaginería, sí, hermosa imaginería, pero estas son las imágenes eternas que encontrarán en el alma del hombre. Viene después, en su caso, después de que se encontró a sí misma. Ella realmente miró directamente al rostro de esta dama esbelta y hermosa y vio que se estaba mirando a sí misma. Ahí es cuando el hombre realmente sabe “Yo soy Él”.
Puedo decirles desde ahora hasta el fin de los tiempos que su maravillosa “yo-soy-idad” es Dios. No puedo persuadirlos hasta el punto de la creencia o la convicción hasta que dejen todos los demás dioses, cuando no tengan otro Dios además de mí. Como se nos dice: “Yo soy el Señor tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre” (Éxodo 20:2). “No tendrás dioses ajenos delante de mí. Yo, yo soy el Señor, y fuera de mí no hay quien salve” (Isaías 43:11). “Ved ahora que yo, yo soy, y no hay dioses conmigo; yo hago morir, y yo hago vivir; yo hiero, y yo sano; y no hay quien pueda librar de mi mano” (Deuteronomio 32:39). Ese es el ser en ti: mata, da vida; hiere, sana. Así que: “Entonces, si alguno os dijere: He aquí está el Cristo, o mirad, allí está, no lo creáis” (Mateo 24:23). ¡No lo creáis! Porque tengan cuidado, se lo he dicho todo de antemano… antes de desaparecer en ustedes como su propio ser, se lo dije todo. “Aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro” (1 Juan 3:2, 3).
Me purifico a mí mismo como él es puro… bueno, ¿cómo lo hago? ¿Cambiando mi dieta? No. ¿Cambiando las cosas del mundo? No. La purificación viene solo de una manera: abandonando los falsos dioses. Puedo comer toda la carne del mundo, beber todo el alcohol del mundo si puedo soportarlo, hacer cualquier cosa; eso no me hace impuro. La impureza viene al ir tras dioses extraños. “Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios”. El hombre que no se ha visto a sí mismo como Dios no es aún puro de corazón. No está libre aún de los falsos dioses del mundo. Se vuelve hacia todo tipo de dioses en el exterior. Llámenlos numerología, llámenlos astrología, llámenlos hojas de té, llámenlos entrañas de peces, entrañas de aves —sí, miran todas estas cosas y a eso lo llaman Dios— para que les diga el futuro. Y sin embargo se nos dice tan claramente en el libro de Daniel, capítulo 2: “Pero hay un Dios en los cielos, el cual revela los misterios, y él ha hecho saber… lo que ha de acontecer en los últimos días. Tu sueño, y las visiones que has tenido en tu cama, es esto” (versículo 28). Sentados solos o tal vez en una multitud, pero están solos para sí mismos, todos los pensamientos que albergan —estos serán en los últimos días; porque el ave del cielo llevará su voz o alguna criatura alada dirá la palabra. Y tal como lo albergan regresa, trayéndose a sí mismo centuplicado, y ahí tienen su cosecha.
Pero ningún hombre es libre hasta que encuentra al único Dios, el único Dios. Porque en aquel día en que encuentras al único Dios, has encontrado a aquel de quien se habla en las Escrituras como Jehová, y él es tu propio ser. Dios se hizo hombre para que el hombre se hiciera Dios. Mientras caminas por la tierra, por pequeño que pienses que eres, ese es Dios caminando por la tierra. Si puedes volverte hacia cualquier otro dios, todavía tienes uno que superar, y debes superarlo y superarlo hasta que solo haya un Dios. Ese único Dios no está en el exterior. No puedes volverte hacia nadie en el exterior. Así que no importa cuán sabio parezca ser el hombre o cuán maravilloso parezca ser, no mires ahí. Así que no hay ninguna figura en la pared a la que adores. Cuando vas a la iglesia tienes todos estos iconos, entras en estas casas y ves todas estas fotos de lo que consideran que es Jesús. ¿Es él como tú? Si no es exactamente como tú, es un falso dios. Podría llevarlos a la biblioteca de la ciudad de Nueva York y mostrarles al menos cuarenta y seis hermosas pinturas de los grandes artistas, cada uno afirmando que este es el verdadero retrato de Jesucristo.
He participado en debates de televisión donde estos hombres intentan persuadirme de que esta pequeña sábana que tienen es simplemente la impresión de Jesucristo mientras yacía en esta tumba. Así que le pregunté a este arqueólogo: “¿Se parece a usted?” y él se preguntó: “¿Por qué me hace una pregunta de esa naturaleza?”. Si no se parece a ti, entonces estás adorando a un falso dios. Él es tan diferente a lo que tú podrías llegar a ser, por lo tanto, ese no es Jesucristo. ¿No conocen las Escrituras? Cuando estaba en la radio en el este, cuando sintonizaban veintiséis estados, llegaban estos cables y señalaban el capítulo 13, versículo 21 de Marcos. Casi podía esperarlo. El teléfono sonaba, alguna dama o algún caballero decía que me estaba haciendo pasar por Jesucristo, pidiéndome que fuera a leer ese pasaje. Bueno, yo se lo devolvía al revés… le decía que fuera a leer la primera epístola de Juan, capítulo 3. Y si no saben cómo son ustedes, permítanme decirles que le conocerán cuando aparezca porque serán semejantes a él (versículo 2). Y si ahora el Dios que tienen en su mente no es como ustedes, bueno, entonces no lo han encontrado.
Sigan trayendo a todos estos dioses a su mundo y morirán. El hombre se purifica por la muerte de sus delirios. Así que cada dios muere, uno tras otro, y finalmente solo queda uno, y ustedes son él. Su propia maravillosa Imaginación humana, ese es Dios. Su propia maravillosa “yo-soy-idad”, ese es Dios. Sí, pasan por todos los hornos; lo hicieron a propósito. Entraron en estos hornos con un propósito y se limitaron a esto llamado hombre. Cuando empiezan a expandirse, rompen el límite y son infinitamente más grandes de lo que eran antes del gran viaje que ustedes mismos iniciaron.
Como se nos dice en las Escrituras: “Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos” (Romanos 11:32). Aquí está… ¿la Biblia enseña eso… en la Biblia? Sí, Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos. Porque si Moisés no hubiera dormido —y escuchen la historia con atención— y Moisés murió, Dios lo enterró; y hasta el día de hoy nadie conoce el lugar de sepultura de Moisés, porque él solo sale de ese lugar de sepultura como Jesucristo; sale de ti cuando eres perfecto. Él es el antiguo perfectivo del verbo egipcio “nacer”. Debe ser perfecto antes de poder nacer. No puede ser perfecto con dos dioses, solo hay un Dios: “Oye, Israel: el Señor nuestro Dios, el Señor uno es” (Deuteronomio 6:4). ¡Esta maravillosa unidad compuesta! Así que aquí, si lo pongo en este lenguaje nuestro es: “Oye, Israel” —nosotros somos Israel, el hombre de Dios— “el Señor, el YO SOY, nuestros YO SOY es un solo YO SOY”. Sin pérdida de identidad, sin pérdida de individualidad y, sin embargo, un solo Dios.
Se hace la pregunta: “¿Quién subió al cielo, y descendió? ¿Quién encerró los vientos en sus puños? ¿Quién ató las aguas en un paño? ¿Quién afirmó todos los términos de la tierra? ¿Cuál es su nombre, y el nombre de su hijo, si lo sabes?” (Proverbios 30:4). Bueno, cuando preguntó cuál era el nombre de su hijo reveló el nombre de la primera pregunta. Él tiene un hijo, por lo tanto es un padre. Así que quienquiera que haya creado el fin de la tierra y establecido los cielos es un padre. ¿Y cuál es el nombre de su hijo? Ese es el gran problema. Viene solo por revelación. Puedes sentarte y leer ese libro de principio a fin, y entrenado como tú y yo fuimos entrenados —la mayoría de nosotros fuimos entrenados en la fe cristiana— y entrenado en la fe cristiana, a mí me enseñaron que el hijo es Jesucristo. Mi madre me enseñó eso, el sacerdote me enseñó eso, mis maestros de escuela me enseñaron eso, y habiendo sido condicionado de esa manera no vi a otro sino a Jesucristo el Hijo de Dios. Yo no sabía que Jesucristo era Dios el Padre.
No lo supe hasta que la revelación me poseyó y me fue revelado que el único Hijo unigénito que da testimonio del Padre es David. Es David quien me mostró la paternidad de Dios, que yo soy el Padre. El mismo David aparecerá un día ante ustedes. No habrá dudas en su mente cuando aparezca de quién es él y de la relación entre ustedes y David: Ustedes son el Padre. Y si cada uno que camina por la faz de la tierra tiene y debe tener esta experiencia y todos son revelados como el padre de David, entonces la pregunta está respondida en el Libro de los Proverbios: “¿Quién afirmó todos los términos de la tierra? ¿Cuál es su nombre, y el nombre de su hijo, si lo sabes?”. Bueno, el nombre del padre de David en las Escrituras es YO SOY. La palabra es Jesé y Jesé es cualquier forma del verbo “ser”.
Si lo toman como realmente está registrado en los primeros manuscritos, no hay progenitor de Jesé, ninguno. La crítica bíblica más erudita del mundo hoy en día es la Enciclopedia Bíblica. Ciento cincuenta eruditos trabajaron en ella durante años y años, y aquí les mostrarán que no hay soporte en los primeros manuscritos para las afirmaciones hechas en el Libro de Rut y las afirmaciones hechas en la genealogía de Mateo y Lucas. Algún escriba insertó eso para hacerlo un nacimiento natural. Pero yo no estoy tratando con un nacimiento natural; no estoy tratando con un hombre natural. Jesucristo, el perfecto en el hombre que está saliendo, es un ser totalmente sobrenatural. Él es Dios el Padre. Dios el Padre se hizo hombre para que el hombre se hiciera Dios el Padre. Dios el Padre tiene la suma total de todas las generaciones de hombres fusionadas en un solo ser, llamado en las Escrituras “eternidad”, el joven eterno, y es David.
David se para ante ti y te llama Padre. Lo sabes, sin duda alguna. Tengo dos hijos. Creo firmemente que yo engendré a estos dos hijos. Nunca he dudado por un momento que soy el padre de estos dos hijos en este nivel. Pero nunca hay ninguna incertidumbre cuando aparece David. No hay dudas de ningún tipo cuando aparece ante ti y te llama Padre. Lo sabes con más certeza, más seguramente, que cualquier otra cosa en este mundo. De modo que eso está oculto en el hombre, ese ser eterno llamado “eternidad” o llamado “la palabra” en las Escrituras. La palabra es Olem; significa “eternidad”. Pero la eternidad está personificada como un joven, no como un anciano como nuestros… no los llamaría ciegos, tienen visión parcial pero no visión verdadera… y nuestros eruditos griegos personificaron la eternidad como un anciano con una guadaña; pero ellos no conocían a David.
Así que puedo hablar por experiencia de que tú eres el Padre del que se habla en la Biblia como Jehová. Jesucristo te dice: Yo soy el Padre… el que me ve a mí ve al Padre. “¿Cómo, pues, dices tú: Muéstranos al Padre?”. Felipe dijo: “Muéstranos al Padre, y nos basta”. Jesús le dijo: “¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos al Padre?” (Juan 14:8, 9). Luego presenta el pensamiento más maravilloso que nadie le preguntó, dijo: “¿Qué pensáis del Cristo? ¿De quién es hijo?”, porque hablan de que el Cristo es el hijo. ¿De quién es hijo? Le dijeron: “De David”. Él les dijo: “¿Cómo, pues, David en el Espíritu le llama Señor?” (Mateo 22:42, 43). Esa es la palabra usada por un hijo hacia su padre. ¿Por qué le llamó David Padre si él es hijo de David? Y sin embargo, en cierto modo lo es, porque sale del hombre. Fue sepultado en el hombre con un propósito y cuando se levanta, se levanta del hombre. Así que el hombre en cierto modo fue su padre. Cuando sale del hombre y entonces el hijo del hombre —todas las generaciones de hombres y todas sus experiencias fusionadas en un solo ser en David— y eso le llama ahora Padre. De modo que el hombre madura cuando se convierte en el padre de su propio padre.
Así que aquí, con esta dama, esta artista, la secuencia es perfecta. Comenzó con verse a sí misma. Y no puedes conjurarlo; viene cuando estos dioses mueren; cuando mueren todos dejando solo un Dios. Y ese Dios es tu propia maravillosa “yo-soy-idad”, tu maravillosa Imaginación humana. Entonces sabes que “el Hombre es toda Imaginación y Dios es el hombre, y existe en nosotros y nosotros en él. El cuerpo eterno del hombre es la Imaginación, y eso es Dios mismo”. Así que cuando lo sabes no te vuelves hacia ningún otro dios… todos mueren. Entonces sales de Egipto. Se te dice en las Escrituras: “Él nos saca de Egipto con señales y portentos”. Solo las señales y los portentos lo sacan. Ves estas cosas fantásticas en las profundidades de tu alma, y todo lo registrado en las Escrituras está sucediendo en ti, y tú eres el centro, la estrella del drama. Sales y eres él.
Pero no le digas a nadie que “¡Aquí está el Cristo!”, porque eso es una mentira. Cristo está sepultado en cada persona en el mundo. Cristo es la realidad de cada ser en el mundo, y Cristo está siendo formado en esa perfección predicha en la historia de Moisés. Pero no puedes entrar en la Tierra Prometida. ¿Quién va a entrar en la Tierra Prometida? —Josué. Bueno, la palabra Josué es la forma hebraica de la palabra anglicanizada “Jesús”, lo mismo. Se deletrea de la misma manera. Así que Moisés no puede entrar en la Tierra Prometida, pero Josué sí, y Josué significa Jesús. Así que Jesús y solo Jesús al final sale del hombre, y él entonces se convierte en el Padre… la promesa que se hizo al principio. Debido a esto, nadie puede fallar. No puede haber un solo fracaso en el mundo, no realmente.
Así que hoy estudian al Soñador y no recurrirían a la Biblia. Tomen la historia de Jung, el gran Carl Jung. Él tuvo esta visión en 1944, pero no permitió que se imprimiera hasta que murió. Así que en los años 60 salió el libro, dando la visión de Jung. Le daba vergüenza admitir que él, el gran maestro, también tenía sueños, también tenía visiones. Pero registró esto en 1944… y en un sueño —que para él era más que un sueño; estaba tan claro que casi bordeaba la visión— se encontró caminando por un camino rural y aquí había una pequeña capilla. Pensó que sería una capilla cristiana. La puerta estaba entornada, así que cruzó la puerta, caminó por el pasillo hasta el altar; y para su sorpresa no había ninguna imagen de la Virgen María, ningún crucifijo, sino en lugar de estos un arreglo maravilloso de flores. Mirando hacia abajo notó a un yogui en la postura del loto, mirando más de cerca tenía su cara. Lo estaba mirando y vio que era su cara y lo asustó casi hasta la muerte. Se despertó sobresaltado. Se dijo a sí mismo: “Así que, ajá, tú eres el que me está soñando. Tienes un sueño y yo soy él, y cuando despiertes yo ya no seré”.
Bueno, tiene razón. Pero Jung no había despertado todavía o no se habría asustado. Él es David yendo al abismo. Lo llama la “mente inconsciente, el inconsciente colectivo” donde el hombre va en realidad cada vez más y más profundo dentro de sí mismo, pero él lo llama el inconsciente. No me gusta el uso de la palabra, porque significa la ausencia de actividad psíquica. Sin embargo, todo lo que registró fue el resultado de una actividad psíquica. ¿Cómo podría ser el inconsciente o la ausencia de conciencia? Y es una persona… y él no quiere creer que Dios es una persona. No quiere creer que el verdadero ser tiene forma. Les digo que ustedes son una persona; Dios es una persona. Él no difiere de ustedes en absoluto. Solo cuando se ven a sí mismos, si alguna vez se sobresaltan se sobresaltan solo porque no pueden creer que puedan ser tan hermosos, que puedan ser tan perfectos… un rostro con tal majestad, tal fuerza de carácter, tal sabiduría, todo encarnado en ese único rostro… y saben que es ustedes mismos. No creen que la eternidad sea lo suficientemente larga como para lograr esa meta, ¡pero son perfectos! ¡Ahí están brillando como el sol!
Cuando solo tienes un Dios, bueno, entonces no te asusta en absoluto. Simplemente regresas de ello y ahí estás consciente del hecho de que la Biblia es verdad. Vayan y díganles: “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios” (Salmo 46:10). Vayan y díganles que yo soy él. También díganles: “Porque si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis” (Juan 8:24). ¿Así que quieren ser saludables, ricos, esto, aquello y lo otro? A menos que creas que yo soy, y lo nombres, permaneces donde estás. Tienes que reclamarlo realmente y dejar que venga de las profundidades de tu alma y llevarlo como llevarías un traje. Esta es la enseñanza de las Escrituras. No hay nadie a quien recurrir. Sí, puedes recurrir a un amigo y decirle: “Estoy demasiado cerca de la imagen; escucha por mí que he logrado una cierta meta”. Porque él sabe que no hay otro, en realidad lo está haciendo por sí mismo. Porque, realmente, no hay otro, pues si yo soy el padre de tu hijo y tú eres el padre de mi hijo, ¿no somos el mismo padre? Aquí hay una tremenda diversidad, como se nos dice en la mismísima palabra —una unidad compuesta, una hecha de otras. El mundo entero vasto exteriorizado es el único Dios… y ustedes son ese único Dios. Y llegará el día en que esta serie, esta fantástica serie se desplegará dentro de ustedes y sabrán quiénes son.
Lo que quiero convencerlos esta noche es de que el Soñador que nuestros científicos están tratando de encontrar es su mismísima realidad… es Jesucristo. Él está alojado en ustedes. Él está única y profundamente relacionado con ese ser interno de cada hombre en cada época. Él es el que está subiendo a la superficie. Y cuando sale a la superficie, y es solo un Dios y él lo es, te apartas de todos los demás dioses; entonces lo que fue predicho y prefigurado en la historia de Moisés ha dado su fruto en Jesucristo. Lo que tendía hacia la perfección se ha convertido en lo perfecto; y entonces ves a Dios. “Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios”. Nadie más que el puro de corazón puede ver a Dios. El puro de corazón no significa nada de pureza como el mundo ve la pureza. Significa “aquellos que no van tras dioses extraños”. Porque a ellos se les llama las rameras del mundo. “Y esconderé de ellos mi rostro en aquel día a causa de todo el mal que habrán hecho, por haberse vuelto a dioses ajenos” (Deuteronomio 31:18). Y no hay Dios fuera de mí.
Así que mientras puedas creer en algún dios que no sea el único Dios, y ese Dios es tu propio ser, no verás a Dios. He tenido personas que me dicen: “Ojalá pudiera ver a Dios. Espero ver a alguien más” y no puedes convencerlos de que no van a ver a otro. Cuando mueran todos los dioses verán a Dios; se verán a sí mismos como nunca soñaron que podrían ser tan perfectos, y ese es el Dios. Todos, uno tras otro, serán reunidos en este único Dios. Como se te dice: “Y el Señor será rey sobre toda la tierra. En aquel día el Señor será uno, y único su nombre” (Zacarías 14:9). Bueno, ¿puedes decir YO SOY y significar dos? El Señor será uno. ¿Cuál es tu nombre? —YO SOY. “Ve y dile a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros. Si te preguntan algo más, solo di: YO SOY… este es mi nombre para siempre… y con él se me recordará por todos los siglos” (Éxodo 3:14, 15). No siempre me revelé con este nombre. A sus antepasados Abraham, Isaac y Jacob me di a conocer, por ellos, como Dios Omnipotente; mas para ti revelo mi verdadero nombre. Mi nombre es YO SOY. Por lo tanto, siempre que leas la palabra “el Señor” en letras mayúsculas en las Escrituras, es YO SOY. Pero los traductores citan como el Señor, Adonai; no les gusta usar el nombre YO SOY. Lo usan en el capítulo 3 del Éxodo y lo usarán en los Salmos y en ciertas porciones del Antiguo Testamento, pero el Libro de Juan está lleno de él. Es la gran declaración de YO SOY, el final mismo.
Llegará el día en que sabrás que eres el mismísimo ser del que se habla en las Escrituras como Cristo Jesús. No se lo digas a nadie. No hay razón para decírselo a nadie. Estás contando la historia, y la historia se despliega dentro del hombre. Así que les mostraremos el viernes cómo comienza la historia y a través de qué medio llega al hombre. No puede venir a través de la revelación mayor… ese es el final; viene a través de la menor. Mostraremos que desde el principio hasta el final es la apelación a esta menor que debe ser aceptada, solo por fe. Cuando viene a través de la mayor, estás al final; no necesitas fe, tienes la experiencia. Viene primero a través de la revelación menor. El hombre tiene que escucharla y creer lo que ha oído; luego se despliega dentro del hombre y sale a la superficie.
Ahora vayamos al Silencio.